CONCLUSIONES
La
DEPRESIÓN es uno de los mayores desafíos para la medicina moderna. Actualmente
se encuentra entre las 5 causas de discapacidad en el mundo y se prevé que será
la primera o la segunda en los próximos diez años. La depresión es un
padecimiento con una alta incidencia y prevalencia en la población general. El
paciente que la padece sufre gran malestar, disminución de su calidad de vida,
mayor morbimortalidad (como indicador estadístico relativo a las causas de
muerte, en una población o determinado grupo de personas), repercusiones
sociofamiliares, laborales, conyugales, etc.
En
el proceso de investigación e
intervención de este padecimiento, a veces se tienen apreciaciones complejas y
heterogéneas de los temas, debidos al posible riesgo de confusión semántica,
doctrinal o epistemológica.
La
confusión semántica se manifiesta cuando no se sabe si se está tratando con un
síntoma, síndrome, sentimiento anímico normal, enfermedad primaria o enfermedad
secundaria.
Este
aspecto también lo complican las diferentes influencias sobre el enfermo, tanto
internas como del medio ambiente externo.
Desafortunadamente la depresión no es
siempre bien diagnosticada y con frecuencia inadecuadamente tratada. Las
fronteras con la normalidad no siempre están claras (Chinchilla, 2008: p. 375).
La integración de lo biopsicosocial
con lo etiológico (descripción del agente causante de la enfermedad), clínico
(diagnóstico de una situación patológica) y terapéutico (medios para la
curación o alivio de la enfermedad o sus síntomas) no es fácil.
Tampoco es difícil si como clínico se
forja, obligadamente, el abordaje
psicólogo-paciente, de forma, tanto antropológico, como biológica.
Es importante intentar ENTENDER y
COMPRENDER POR MOTIVOS, Y EXPLICAR POR CAUSAS,
el enfermar DEPRESIVO.
La guía que debe orientar nuestro
actuar, en ese mundo de relación psicólogo-paciente, es la elaboración precisa
de una HISTORIA CLÍNICA y la aplicación de los conocimientos, profundos,
arbitrados y actualizados en el ACTO TERAPEÚTICO de manera totalmente
integrada.
Dicho en otras palabras, es importante
prepararse con suficiencia para lograr ser un buen clínico y terapeuta a la
vez, pues la HISTORIA CLÍNICA bien hecha es el mejor acto psicoterapéutico y la
TERAPEÚTICA ELEGIDA Y APLICADA CON PRESICIÓN, su complemento siempre necesario
(Chinchilla, 2008: p. 375).