jueves, 2 de mayo de 2013


CONCLUSIONES

La DEPRESIÓN es uno de los mayores desafíos para la medicina moderna. Actualmente se encuentra entre las 5 causas de discapacidad en el mundo y se prevé que será la primera o la segunda en los próximos diez años. La depresión es un padecimiento con una alta incidencia y prevalencia en la población general. El paciente que la padece sufre gran malestar, disminución de su calidad de vida, mayor morbimortalidad (como indicador estadístico relativo a las causas de muerte, en una población o determinado grupo de personas), repercusiones sociofamiliares, laborales, conyugales, etc.

 

En el proceso de  investigación e intervención de este padecimiento, a veces se tienen apreciaciones complejas y heterogéneas de los temas, debidos al posible riesgo de confusión semántica, doctrinal o epistemológica.

La confusión semántica se manifiesta cuando no se sabe si se está tratando con un síntoma, síndrome, sentimiento anímico normal, enfermedad primaria o enfermedad secundaria.

Este aspecto también lo complican las diferentes influencias sobre el enfermo, tanto internas como del medio ambiente externo.

Desafortunadamente la depresión no es siempre bien diagnosticada y con frecuencia inadecuadamente tratada. Las fronteras con la normalidad no siempre están claras (Chinchilla, 2008: p. 375).

La integración de lo biopsicosocial con lo etiológico (descripción del agente causante de la enfermedad), clínico (diagnóstico de una situación patológica) y terapéutico (medios para la curación o alivio de la enfermedad o sus síntomas) no es fácil.

Tampoco es difícil si como clínico se forja, obligadamente,  el abordaje psicólogo-paciente, de forma, tanto antropológico, como biológica.

Es importante intentar ENTENDER y COMPRENDER POR MOTIVOS, Y EXPLICAR POR CAUSAS,  el enfermar DEPRESIVO.

La guía que debe orientar nuestro actuar, en ese mundo de relación psicólogo-paciente, es la elaboración precisa de una HISTORIA CLÍNICA y la aplicación de los conocimientos, profundos, arbitrados y actualizados en el ACTO TERAPEÚTICO de manera totalmente integrada.

Dicho en otras palabras, es importante prepararse con suficiencia para lograr ser un buen clínico y terapeuta a la vez, pues la HISTORIA CLÍNICA bien hecha es el mejor acto psicoterapéutico y la TERAPEÚTICA ELEGIDA Y APLICADA CON PRESICIÓN, su complemento siempre necesario (Chinchilla, 2008: p. 375).

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