La
depresión no es cosa nueva, la historia
y la literatura indican que es tan antigua como el hombre. Se afirma que
El libro de Job es uno de los libros más antiguos conocidos. Este libro nos
presenta a un personaje, que por las desgracias que le ocurrieron, es afectado
de una fuerte depresión que le hace exclamar: “Al llegar la noche pienso:
¿Cuándo llegará el día? Y al llegar el día me pongo a desear: ¿Cuándo llegará
la noche? Mis noches están llenas de inquietudes y mis días mueren sin
esperanza […].
Ya
Hipócrates (famoso médico griego del año 460 a. de Jc.) describía la depresión
con suficiente detalle. Otro notable médico griego, Arteo, del siglo II,
describió a los pacientes con depresión como “personas tristes y desanimadas,
se muestran perturbados y sufren de insomnio. Si las condiciones que lo causan
persisten, se quejan de mil pequeñeces y expresan deseos de morir”.
Los
diagnósticos de depresión que aparecen en los libros más antiguos de medicina
concluyen, de manera general, que los síntomas comunes de esta enfermedad son
muy parecidos a los actuales: Genio abatido, triste, desalentado, autocastigo,
insomnio, autodegradación, deseos de morir, agitación, desasosiego interior,
pérdida de peso, pérdida de apetito e insomnio.
Lo
grave es que después de 2,500 años, perduran los mismos síntomas de la
depresión y casi en las mismas condiciones de incapacidad para curarla (Le
Haye, T. y Sálesman, E.,2004: p. 6-8).

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